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Cajamar: ¿Cómplices o partícipes?

Tras el rosario de informaciones que ponen de manifiesto las actividades privadas de cuatro miembros de Cajamar, que simultaneaban sus labores directivas con inversiones especulativas en negocios inmobiliarios, financiados por la propia entidad que ellos supervisaban, no cabe en cabeza humana el silencio de La Caja



José Luis Heredia y Bartolomé Viúdez habían conferido poderes al empresario Rodríguez Valero para que les representara en los negocios inmobiliarios que compartían.

Miguel Ángel Sánchez / 23·12·2016


Tras el rosario de informaciones que ponen de manifiesto las actividades privadas de hasta cuatro miembros de Cajamar, que simultaneaban sus labores directivas con inversiones especulativas en negocios inmobiliarios, financiados por la propia entidad que ellos supervisaban, no cabe en cabeza humana el silencio de La Caja. Menos aún que sus más distinguidos representantes, el director general y su número dos, José Luis Heredia y Bartolomé Viúdez, respectivamente, fuesen apartados de sus cargos a raíz de estas publicaciones, y reubicados en el más alto órgano de Cajamar, el Consejo Rector, donde se relacionan a diario y toman café con el presidente Eduardo Baamonde y Manuel Yebra, consejero delegado del Banco de Crédito Cooperativo, que aglutina a más de treinta cajas rurales de España con Cajamar como principal accionista. 

Este periodista que firma la noticia ha recibido a lo largo del año y medio que ACTUALIDAD ALMANZORA ha venido publicando 14 entregas sobre los negocios privados de altos directivos de Cajamar, un sin fin de recomendaciones de gentes bienintencionadas –nunca de portavoces de la propia Caja- que me advertían sobre las consecuencias de seguir contando aquello que iba concluyendo del análisis de la abundante documentación, verdaderamente comprometida, a mi juicio, para las personas señaladas. Justo es decir que entre las sugerencias no faltaron fraternales invitaciones para “llevarnos todos bien” y amistosas valoraciones sobre “el magnífico futuro que tengo por delante”. Y no sigo. 

Pero los ‘entrañables’ consejos se alternaban con indicaciones que, revestidas de quizá una sincera preocupación, creo que sólo pretendían asustarme. Una miríada de querellas inminentes por parte de la entidad contra mí y contra los medios que dirijo, sería la menos preocupante de las insinuaciones que escuché. También recibí la visita, y a veces hasta la recomendación, de primerísimas figuras de la vida pública almeriense y hasta de Murcia. Es correcto decir, porque hace honor a la verdad, que ninguna de estas personas me presionó. No sólo eso, más de uno que venía convencido por la otra parte, antes de dar por concluido el encuentro y quedar sorprendido por la profundidad y gravedad del asunto, soltó: “yo no he venido aquí a defender a nadie que haya hecho algo así, sigue adelante”. 

Cajamar, sin embargo, ha querido hacer del silencio virtud, extremo inadmisible para toda una institución financiera que se jacta de tener 1,4 millones de socios y 4 millones de clientes. Ni ha presentado acción judicial alguna ni tampoco ha cumplido con lo que sus propios estatutos -apartado “M” del artículo 30- le obligan: “velar muy especialmente por la buena imagen de la CAJA, saliendo al paso de cualesquiera noticias, rumores o filtraciones infundadas, tendenciosas o sesgadas que puedan dañar aquella imagen, el prestigio, la solvencia, la seriedad o el carácter cooperativo de la Entidad, o la honorabilidad o independencia de cualquiera de sus órganos o de los miembros de éstos”. De este incumplimiento no sólo es responsable el Consejo Rector, sino también el propio titular de prensa Manuel Gutiérrez, que además de gestionar este asunto como una novicia, se ha permitido hacer delante de amigos míos afirmaciones que superaban el insulto. 

INAUDITO 

Muy al contrario de lo que cabía esperarse de la gran Cajamar, la alta dirección decidió someter al criterio de la asamblea el nombramiento de nuevo presidente Eduardo Baamonde y su Consejo Rector el 24 de abril de 2016, contando entre sus miembros con Heredia y Viúdez. Inaudito. 

La designación fue puro trámite y cada cual tomó posesión de sus nuevos cargos. Previo a ello, José Luis Heredia y Bartolomé Viúdez habían dimitido voluntariamente de sus responsabilidades ejecutivas, sostenía la versión oficial. En realidad habían sido apartados, separados de los órganos que deciden el día a día de la entidad y supervisan los grandes números y las grandes operaciones de crédito. Un humilde medio como éste les había pillado haciendo lo que no debían hacer y por alguna razón no era posible ponerlos directamente en la calle y sin finiquito. A lo mejor sabían demasiado y valían más dentro que fuera. 

Ocho meses antes, en septiembre de 2015, cuando ACTUALIDAD ALMANZORA llevaba publicadas varias informaciones sobre el enriquecimiento del director general y su subdirector, el por entonces presidente de la entidad Juan de la Cruz Cárdenas decidió contactar con varios medios provinciales para anunciarles que no se presentaría a la reelección, y que tanto Heredia como Viúdez dejarían sus puestos como parte de un plan de reestructuración planificado y, por supuesto, ajeno a cualquier noticia publicada. Qué iba a decir el hombre. 

Paralelamente, una malintencionada versión cuyo origen no es difícil de situar, apuntaba a que todo lo divulgado obedecía a una estrategia de este medio para extorsionar a la Caja. Evidentemente, el autor o autores de la calumnia se cuidaron muy mucho de dejar constancia escrita o pedir auxilio a la justicia; una postura que difícilmente se entiende cuando Cajamar dispone de un servicio jurídico propio y no debe permitir, siendo víctima de tal delito, que el delincuente, minúsculo en medios y fuerza respecto a la todopoderosa Caja, salga impune de ello. 

La calle hace su propio juicio de lo que lee y ve. Y la hipótesis de que los comportamientos contrarios al código ético de Cajamar –y sancionados por el Banco de España- desarrollados por Viúdez y Heredia, estuvieran extendidos en la cúpula, se esparcían por la comarca y hasta en un mayor rango, el regional, tras hacerse eco de todo El Confidencial Andaluz. 

Las explicaciones que el sacristán Manuel Gutiérrez, jefe de prensa, dio al director de ‘El Confidencial’, Pepe Fernández, dejan perplejo al más crédulo: “… desistimos hace tiempo de facilitar información sobre la posición de nuestra entidad al respecto de este asunto, para no facilitar polémicas sobre unos hechos que se remontan a hace más de diez años, en un entorno empresarial y social que nada tiene que ver con el actual, y que hoy son alimentadas por personas cuya actuación responde a otro tipo de intereses”. 

O sea, no desmiente nada y sí, en cambio, justifica que el director general, el subdirector general y el responsable de la zona Levante se hicieran ricos vinculándose accionarialmente, y con un claro perfil especulativo, a empresas y empresarios que recibían cuantiosos créditos de la entidad que dirigían, revertiendo esos préstamos a la Caja en forma de activos tóxicos. Y todo porque se hizo “en un entorno empresarial y social que nada tiene que ver con el actual”, en plena burbuja inmobiliaria donde, por lo visto, lo antiético o lo delictivo, la administración desleal o el aprovechamiento de un cargo empresarial para enriquecerse en detrimento de la empresa para la que trabajas –es un ejemplo-, era aceptado por la ley o los consejos de administración. De un plumazo, Manuel Gutiérrez se carga la ley mercantil, la penal, la civil y la que se ponga por delante. ¿Y te pagan por eso Manuel? 

Para esta casa, el asunto está claro. En próximas entregas mostraremos los documentos que amparan la veracidad de nuestras noticias. Y ustedes podrán volver a extraer sus propias conclusiones.





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